miércoles, 10 de noviembre de 2010
2:30
Y rompió en llanto, se ahogó en sus propias lágrimas, no sabia que hacia, pero se descargo, no sabia porque existía, y se recupero, tembló, tembló ese gran edificio, construido con el pasar de los años, que casi se derrumbaba, se sintió incomprendida y no querida, y corrió.. escapó, siguió corriendo por el edificio que aparentaba ser una ciudad fría por la noche, no cualquier ciudad, no cualquier noche, una noche de almas perdidas, rotas, incomprendidas, lamentándose, trató de ser fuerte, no lo consiguió, siguió corriendo sin pensar , sin sentir, ya no sentía nada. Dudaba, dudaba de su existencia, dudaba de quien era. Y llegó al fin de la ciudad, y decidió seguir, no importaba la hora, siguió adelante, no miraba hacia atrás. Cruzo a otra ciudad y comenzó otra vez, esta vez, no corrió, no se apresuró, sino que, caminó. Disfrutó, observó, inventigó, amó, pensó y creó su nueva vida, en ese nuevo edificio, en esa nueva ciudad, elegió no caerse, no derrumbarse, tal como su pasado edificio, desidió ser fuerte, y convertirse en la persona que es hoy.
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